02 agosto 2009

FO...Una anécdota hecha relato...
Autor : Antonio Ruiz Tovar

Introducción
Mi abrazo y respeto a los abogados y jueces de Cañete, Perú y del mundo, que sienten en su corazón el bullir de la justicia.
Igualmente a los policías, servidores del Ministerio Público, empleados públicos - mujeres y hombres - que ajustando su vida de servicio, al cumplimiento de su noble función, fortaleciendo el principio constitucional de que nadie esta obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe, hacen permanente la existencia de un Estado fuerte y respetable: un Estado de Derecho, donde no se alimenta la corrupción.
A.R.T.

Presentación
Nací y crecí en un barrio humilde, generoso y ejemplar de San Vicente, de Cañete, PERU. «El paso de las ovejas» le llamaban históricamente. Hoy se le conoce como la Avenida 28 de Julio.
Las familias, en su mayoría, trabajaban en la fábrica «la Unión». Vivían de su trabajo, y de algunas actividades domésticas, que formaban verdaderas estampas pueblerinas: las mesas sabatinas ofertando variedades de platos de comida, las pailas de tamales domingueras, - al frente de sus casas - las periódicas quermeses a lo largo de la calle etc.
Padres y madres humildes, laboriosos, e ingeniosos, además, que supieron alimentar, vestir y educar a sus hijos, cuidarlos, y guiarlos con amor y ejemplo
con el producto de la actividad lícita.
Ese medio fue influyentemente positivo para las generaciones de esa época. Abundaron en ese barrio, gente que propiciaba el cuidado de los muchachos a través del deporte, el esparcimiento sano, la competencia y la defensa de sus derechos cívicos.
Allí crecí, sin tener la suerte de conocer a mi padre; pues murió cuando yo tenía un año y medio. Sin embargo, por los comentarios de sus amigos que se quedaron en el pueblo, y que para mí fueron respetables ciudadanos, como el abogado Fernández, quien me aceptó como pasante de su estudio, Don Eugenio Venturo Estrada, Director del diario «la Voz del Pueblo» y el señor Flores propietario de un próspero restaurante, logré hacerme un perfil de él.
No lo conocí, pero lo amé, lo amo y lo amaré hasta el día en que Dios me recoja por haberme dado la vida, y darme un apellido limpio.
Siempre he creído estar viviendo bajo su mirada y su aliento; y sobre todo bajo la influencia de su espíritu. Hoy lo tengo frente a mí, en un hermoso retrato, al momento en que escribo esta historia. Mi padre, según me contaron sus dilectos amigos, fue muy bueno; y por su espíritu social, un activista, que luchó a favor de los pobres como conocedor de la ley que fue, en la época en que la defensa no estaba «cautiva» Ante mi madre, un cierto día, juré seguir su línea y dar lustre a este hermoso apellido que me legó; fue así que me hice profesor y abogado, gracias al apoyo de mi familia, particularmente de mi hermano mayor Humberto…
De lo que hice, lo que llegué a ser y hacer en mi pueblo, que lo digan quienes algún día se interesen en escribir mi biografía, alguno, lo hará, quien sabe, con cierta carga de antipatía. Y eso será algo natural, dado que nadie es moneda de oro que pueda gustar a todos, como dijo José María Escrivá .
Luchar desde abajo es el sino de los que no tuvimos la suerte de nacer en cuna de oro; pero eso que es esencial en el hacerse, exige también, y esto es fundamental, mantener los valores con que uno creció, y aplicarlo, en su vida cívica, sobre todo si es servidor público. Y, si alcanzando ciertos niveles y poderes transitorios, no adoptamos la figura ni el comportamiento del pavo real, ni nos deleitamos en, ni con, esa sensualidad y distorsión en que se revuelcan muchos, cuando llegan a ocupar un cargo.
La historia que hoy les entrego, revela a un ser con poder, pero con desajustes, que lo lleva a efectuar un hecho inaudito.
Su postura es sólo un matiz de los cientos y miles de hechos que realizan seres que llegan a ostentarlo. Se constituyen en peligros ante la sociedad.
Claro que lo de FO era reparable, empero hay acciones de otros que repercuten seriamente en el seno de la sociedad organizada jurídica y políticamente. Seres abyectos que abdican de sus funciones y atribuciones, entregándose al político de turno olvidándose de quiénes son, qué defienden, que representan en ese hermosa arquitectura construida con dolor en el curso de los años, y que llamamos Estado de Derecho.
Esos, son los delincuentes de la democracia. Forman parte de la familia de FO
A.R.T.

Fue un viernes; pero, no recuerdo de qué mes ni de qué año... ¡Tanto tiempo ha pasado! Sin embargo, la conducta cretina del «letrado» que desempeñaba el cargo de juez suplente, no se ha borrado de mi memoria. Se apellidaba Fa....; mejor, no digo su apellido, a fin de no comprometer a familias que con dignidad lo llevan; pero, para el presente relato, lo llamaremos FO; sí, porque su otro apellido comenzaba con la O; así que de ahora en adelante, ya sabe, a ese juez suplente lo identificaremos como FO.
Era un abogado ya entrado en edad; limitado en cultura jurídica, lo cual era evidente. Siendo escaso en bagaje jurídico, no sabemos de qué artificios se valió y/o una «mano negra» movió influencias y ¡zas! le dieron credencial de Juez Suplente en lo civil, de la provincia de Cañete, después de haber ejercido la suplencia en lo penal, anteriormente, cargo del que fue sacado por haber dado libertad en Semana Santa a quien no debía recibirla. Aun así, lo designaron suplente en lo civil... El tal FO, no se cómo apareció en Cañete, pero allí estaba, en mi pueblo, ejerciendo de defensor, de no sé cuántas causas, ya que al parecer también era pobrísimo en clientela. Vivía en un inmueble situado en la Calle 2 de Mayo. Le habían arrendado un apartamentito donde había instalado su «oficina»... Allí vivía y atendía . Cómo era ésta?, no sé, pero ya me imagino.
Antes de ser Juez, se le veía dar vueltas y vueltas cada noche, con las manos atrás, agarradas, en la Plaza de Armas, -de San Vicente- a veces solitariamente; y en otras, acompañado de alguien. Era ya un poco vejete, pero tenía ojos para mirar a las jovencitas que se le cruzaran en esos paseos... Cómo se moría por una guapa dama cañetana; no había dudas; por ella, estaba hasta el copete, como diría mi abuela; pero la joven, que estaba enterada de esta proyección sentimental, tomaba el asunto a la chacota... Ella era el sueño de su vida, su amor imposible, su quimera, su ilusión; su amor utópico diría yo... En la vida de relación profesional, muchas veces sentí que buscaba mi amistad, pues a veces se paraba para saludarme y extenderme la mano, cuando en ese trajín de caminar por el parque, aparecía en sentido contrario. Por esa época yo desempeñaba el cargo de Presidente de la Asociación de Abogados de la provincia. Algunas veces supe escuchar de sus labios palabras elogiosas, según creo, ex profesamente preparadas para agradar a mi ego. Así, establecimos una relación, sin mezclarnos; donde el buenos días o buenas tardes o buenas noches resulta lo normal, la respetuosa forma de saludarse, de esas comunes, que se producen en los pueblos, en la plaza de armas, que se convierte en el único lugar de refugio para el reposo, después de la jornada de trabajo.
Un día, nos enteramos que FO había sido nombrado Juez Suplente en lo Civil. Algunos colegas se alegraron sólo por el hecho de ver que un abogado viejo era merecedor de tal distinción; otros como yo, no aceptamos esa designación porque el tal colega no tenía ni los más mínimos requisitos para representar algo tan excelso, a la magistratura; y, porque en Cañete habían otros colegas con mejores merecimientos. No fue nada personal, sólo mi permanente deseo de que la justicia estuviera realmente representada por una persona idónea en mi tierra. El cambio de personalidad que adoptó ante este hecho- insólito para algunos abogados del gremio- fue tan revolucionario que cortó toda relación con los que no eran de su confianza, como si el ejercicio de esta profesión le diera a algún Juez apertura para mantener una vida social propia de hongos y con prurito selectivo; era el repliegue del que se sabe no merecer una designación .
Tomó partido y se volvió sectario, pero, supo mantener sobre su entorno un pequeño grupo, allí estaban; se arremolinaban a su alrededor, pero sólo para sacar provecho... ¡ Ay, la historia sinuosa, de quienes decían llamarse defensores..! Sus caras las tengo enfrente, los veo parados delante de una pared y yo, detrás de la luna identificándolos, ¡ Qué ricos tipos ...!
Por aquélla época el Juzgado Civil, funcionaba en un sólo ambiente del mercado de abastos de la localidad; esto, cuando el tal mercado presentaba signos iniciales de deterioro, con estructuras corroídas por los materiales malos que usaron al construirlo. Allí se trasladó este importante servicio judicial, allí estaba el juzgado como si la justicia fuera un producto más, aparte de la papa, la yuca, el camote etc. que abajo se ofertaban. Este traslado se aceptó dada la carencia de locales adecuados en Cañete, y la magra economía de la Corte del Callao, de la cual dependíamos.
El juzgado tenía como enseres, un escritorio pequeño, con una silla de madera para el Juez; y tres mesitas, cada cual con sus sillas viejas, para el despacho de los secretarios. El ambiente estaba separado por una «pared» de madera prensada, y tenía una puerta sin «chapa» o seguro. No había nada más. El Juez tenía que llevar sus códigos, y documentos; y los secretarios, su enorme ruma de expedientes en los brazos; y otras veces ayudados por sus amanuenses; su máquina, lapicero etc. Casi en una esquina se situaba el escritorio del Juez, y allí se realizaban los juramentos de rigor. Las otras diligencias fijadas las llevaba directamente a cabo cada escribano en el otro sector del ambiente; y allí los abogados nos lucíamos vanidosamente, contestando las demandas en voz alta para que nos escucharan los otros litigantes citados en esa tarde; la burda vanidad del abogado del mundo pueblerino. Allí, las partes se ratificaban en la demanda, o se escuchaba un «niego la demanda, en todos sus extremos», «pido la confesión del actor», «tacho de nulo y sin valor tal o cual documento”, « tacho al testigo ofrecido por al actor»; «reconvengo» – o contrademando - a fulano, mengano, y mil otras creaciones con escaso contenido jurídico o de pura baba... ¡ Qué ricos tiempos.!
Era una verborrea interminable que se escuchaba, palabrería barata, mayormente; salvo excepciones, de algunos contados colegas serios y estudiosos; y por ende versados. Eran las viciosas costumbres del procedimiento en los juzgados; «los medios de defensa» de aquéllos tiempos; y, allí estaban prefijadas las disposiciones, en la codificación procesal civil anterior, la antigua, en aquélla mole jurídica que lo permitía todo; desde enredar los procesos hasta generar las malditas nulidades de las causas, cuando éstas llegaban a la Corte Suprema, después de haberse batallado años y años en la litis, porque algún abogado mañoso, a propósito, dejó de absolver algún extremo de la demanda al contestarla, o algún «otro si digo»; o por negligencia no lo hizo. Vaya «instrumento legal» hecho por los juristas «vivos» de antaño; y vaya el tiempo que rigió el procedimiento civil de marras.
Pues allí funcionaba el juzgado que resolvía los juicios de alimentos, de indemnización, asuntos laborales, que eran interminables; patria potestad, asuntos de herencia, divorcios, los típicos interdictos y tantas cosas más. Y allí estaba, una lumbrera sin lumbre, un advenedizo, un aventurero, como juez suplente, como a lo mejor siguen habiéndolos en algún estamento del Poder Judicial, a pesar de tantos organismos creados para tamizar los nombramientos.
El tal FO, me hace recordar a otro que era de su misma laya, que llegó después; pero aun cuando tenía otra personalidad, era cero o nulo en materia de Derecho Civil y de procedimientos... Y su exceso de celo en materia de «seguridad» hacía que no permitiese a los secretarios le ayudasen, como era lo corriente, y se abarrotaba de demandas y recursos y no resolvía las peticiones... Ese colega fue otro problema. FO, estaba en las nubes, se sentía un hermoso pavo real; según él, dictando justicia; mejor diría firmando las resoluciones y o sentencias alcanzadas por los secretarios. FO ponía todo su nombre con clarísimas letras y se sentía orgulloso de «colaborar» con la patria desde este estamento tan importante y solemne como es un juzgado civil, aún cuando de su cabeza no salieran los «autos», los «vistos» y mucho menos los «considerandos». Así era; nadie puede desmentir a esta época de raro poder de los secretarios; así era la costumbre, aceptada; costumbre que se arrastró por lustros y que funcionaban con aparente formalidad aún cuando esos actos no contenían esencia de legalidad; costumbres que hicieron que muchos «jueces» estuvieran y actuaran como simples mequetrefes; costumbres que quizá no se han desarraigado del todo de ese intrincado aparato que se llama PODER JUDICIAL, tal como nos revelan las severas críticas que se escuchan por doquier. Esos tiempos, abiertamente lo permitían.
Que hubieron excepciones, sí, las hubo. Recuerdo con aprecio y respeto a un juez que ejerció antes que nuestro personaje, que controlaba sus diligencias; y sus resoluciones las hacía de su puño y letra; fue una antípoda jurídica a FO. Sin querer salirme de la trama recuerdo que a este excelente magistrado por eso de hacer sus sentencias a mano fue amonestado cierta vez por la Sala Civil de la Corte del Callao... Qué otra cosa le quedaba al juez Juan Vergara Gotelli si ni siquiera máquina de escribir le habían asignado a su Juzgado? La Asociación de Abogados lo desagravió de aquél desvarío. Esto, nos da una idea del concepto de poder judicial imperante en aquélla época, y los criterios obtusos que se movían en algunos magistrados superiores. Es bueno que se recuerde esto, para que se sepa que también hubieron buenos jueces y por ende la justicia estaba garantizada; y, para que quienes llegan sólo a usufructuar los cargos, sepan de una vez por todas que los asuntos de justicia se deben mover no por personalísimos criterios, intereses, o a su antojo, sino a lo que ordena la Constitución de la República, los códigos sustantivos, adjetivos, LOS CÓDIGOS DE ETICA, la ley orgánica del poder judicial etc.; y sobre todo por lo que fluye como mandato de una mente y corazón limpios, llenos de efluvios jurídicos que generen justicia.
De la Asociación, el magistrado Vergara, recibió justos merecimientos, porque hacía respetable su función; y por sus calidades agregadas a su personalidad los abogados lo respetábamos.
Cuando FO se enteró que la Asociación de Abogados había cuestionado su nombramiento a dedo, se convirtió en un empedernido enemigo gratuito, aún cuando jamás lo consideré como tal; pues a mí no me movían intereses ni personales, ni de grupo, sólo el deber de fiscalizar y cuidar la dignidad judicial en el suelo que me vio nacer. Como respuesta a ese nombramiento, recuerdo que decidí no aceptar defensas civiles y sólo me dediqué a las de naturaleza penal; y así me mantuve con un cierto duelo en la defensa de causas civiles; pero seguí las que ya estaban en trámite. De la fecha del cuestionamiento del nombramiento pasaron unos días; en uno de ellos se produjo una movida domiciliaria.

SU DORMITORIO EN EL JUZGADO...
Nos informaron que el tal FO había trasladado su cama y algunos enseres de dormitorio a la parte del ambiente donde funcionaba el «privado» del juez; y que había puesto un colgajo de plástico de color azul, como un separador de ambiente.. Es decir, la mitad del «privado» era ahora «su» dormitorio y la otra parte el Despacho judicial. ¿Despacho...? ¡ Que rico tipo! . ¡ Qué indignidad ¡ Y bueno fuera que el dormitorio del juez estuviera con un aspecto agradable, aunque esto tampoco haría aceptable esa metamorfosis degradante, NO; presentaba un espectáculo bochornoso, inmundo. Y allí vivía, y dormía el juzgador y su oscuro concepto de lo que es representar a la justicia en esta bendita, pero maltratada provincia. ¿En qué tinieblas se envolvía la mente de FO en cuanto a la noción de lo que es un Juzgado?
Lo que debió ser reverente se transformó en un cuchitril. Aquello inficionaba, ensuciaba moral y materialmente la alta majestad de una magistratura, aparte de afrentar a Cañete. FO, sin quererlo quizá, estaba matando la solemnidad de un juzgado; tal vez sin quererlo; sí, porque es una verdad que muchos tenemos ojos y no vemos; tenemos oídos y no escuchamos, a veces... Como que también hay quienes se hacen los sordos, y los ciegos, cuando les conviene. Pero, haya sido lo que fue, ya no tiene importancia, ocurrió y punto; por lo demás, le ordenaron sacar esa inmundicia de colgajo ipso facto, apenas la Corte fue comunicada de tan grotesca instalación. Se puso así fin a una agresión al espíritu de las leyes y de la justicia. Fue así que concibió la idea de venganza. En este su deseo de venganza, fue el hecho de que por insinuación de alguien, estimulado por algún enemigo soterrado que no falta en los pueblos, un viernes, se las agarró conmigo. FO cometió una barbaridad, sí, porque actuó como un fiero y cruel juez; se creyó el súper juez, el ser omnímodo, y se negó admitirme como letrado, como defensor, como abogado, en un proceso en el que el anterior Juez había fijado día y hora para un comparendo.
Ese viernes, una mente que tenía tapiada su luz, tuvo una visión defectuosa del mundo de la defensa legal, del excelso plano de la magistratura y del mundo jurídico en general.. Se le ennegrecieron las neuronas y su mente quedó en cero respecto al significado del poder jurisdiccional . FO, se apartó de lo aceptado como lícito, al abdicar su judicatura, en cuestionable posición «ideológica». Afirmaba que ningún comunista sería atendido en su Despacho. Hablaba de comunismo, comunista, etc., de asuntos que estoy seguro tampoco conocía, que nada tenían que ver con la defensa a la que cualquier abogado puede acceder por ante los tribunales, oficinas públicas etc., en cualquier república... Es una verdad que los que tienen espíritu de serpiente, y mente de obtusos eran, son, y seguirán siendo, enemigos gratuitos de la gente pensante y de avanzada, de los amantes de lo justo.
Cuando obtienen un poder transitorio, se deleitan con los «chicheñó», los franeleros, los que claudican mendigando justicia, y se someten a los que ofertan, olvidándose que el tiempo se encarga de presentar sus fotografías impresas en el pedestal de los inicuos comunales. No sólo FO me acuñó ese señalamiento injusto, no cierto, de «comunista»; también lo hizo un elemento, retirado de la policía que se afincó en la provincia y cual tinterillo tramitaba por lo bajo ciertas cuestiones; era muy allegado a FO; y no dudé que fuera él quien le influenció para que me impidiera la defensa en la forma como lo hizo... «Ese es comunista» era el « mote» que le cargaban los reaccionarios que pululaban en Cañete –y en todo el Perú- a los que no estaban con sus costumbres. Estos, creyendo que este hermoso pueblo era una propiedad repartible no tenían otra forma para «desacreditar» a quienes en Cañete supimos, en diversas actividades, dar nuestro corazón, nuestra alma, nuestra vida por los mas necesitados y luchar por cambiar viejas y pestilentes costumbres enraizadas.. Olvidaban o no sabían que me había formado en la ilustre casona de Bolívar y Sánchez Carrión en un ambiente de fermento que ansiaba un cambio de estructuras, siendo por ello que de mi boca y de mi praxis, brotaban esos frutos, esas exigencias de respeto a la ley, a los derechos del pueblo; pero, jamás, de mi corazón ni de mi boca salió un grito de muerte ni de sangre, para nadie.

ELSERVICIO A LOS MAS NECESITADOS...
En cuanto al ejercicio profesional siempre procuré ajustarla a ley, y a Derecho, por eso, ningún juez llegado a estas tierras podrá decir que tuve que darle alguna dádiva para recibir una pronta e injusta sentencia a favor de mis clientes; y esto, porque siempre defendí causas justas, en cumplimiento del juramento que hice al recibirme de abogado; el «orabunt causas mellius» era nuestro ideal, un ideal generacional, el servicio a los más necesitados. Prueba pública lo constituyó esa «TRIBUNA DEL LIBRE PENSAMIENTO» que instauré en el salón amplio de mi estudio de Jirón Bolognesi 173 por donde desfilaron profesionales y juristas, de Cañete y Lima, y desde la cual se formulaban las propuestas para los nuevos tiempos. Por lo demás soy honesto en decir que la ignorancia ideológica confundía al líder inquieto, al luchador social, con un «rabanito»... Era un hombre de izquierda, y lo sigo siendo, por la calificación que hicieron los estudiosos a las personas de avanzada, y por mi extracción; pero con pensamiento abierto que se encuadra dentro del orden, la paz, la justicia, el derecho, la defensa por la vida como muy bien lo supe estampar en mis hermosas canciones «CIMARRONES» y «TODOS SOMOS HERMANOS»; pero hoy, con mayor sentido e ilustración de lo que esas cosas significan, con un pensamiento solidamente social cristiano. Bueno, de FO, y de los reaccionarios podía esperarse cualquier denominación.
Ese viernes, como todos los días, llegué temprano al juzgado con mi cliente. Luego, llegó el secretario de mi causa... FO no estaba en el Despacho; llegó después de la una y media de la tarde. Se metió a la oficina y se sentó. Luego entró el escribano y le hizo ver que yo estaba esperando dentro del término de la hora para la diligencia fijada.
— «Dígale a ese abogado que este Despacho, no atenderá ninguna de sus causas, que este juzgado no es para «comunistas», y que se queje donde sea. La Corte ya está enterada de esta decisión; y tengo además el apoyo de los abogados de Cañete, y también de la Corte... Yo soy el juez, y aquí mando yo...» Esto, se escuchaba en el otro compartimento. El respetuoso y laborioso secretario, salió algo turbado, perplejo, y atinó a decir:
— Doctor, usted ha escuchado....
— No se preocupe Don Juanito, todos hemos escuchado al juez. Dígale que deseo hablar con él, y que me atienda unos minutos. Don Juan volvió a ingresar al despacho, y FO algo irritado, le supo decir:
— Ya le dije que aquí no atendemos a abogados comunistas, y no voy a hablar con él; mientras yo esté aquí de juez, no podrá defender así que tendrá que irse a otro sitio a trabajar. En el lugar contiguo al Despacho ya se encontraban los otros dos secretarios y algunas personas más.
Quienes habían escuchado las baboserías expresadas por FO se miraban entre sí, y movían sus cabezas dando a entender que resultaba incomprensible esa conducta en un juez; y otros, levantando su mano derecha y poniendo su dedo pulgar cerca de su sien, con un clásico movimiento indicaban que FO estaba «loco», o que estaba perdiendo el coco. Yo, mantenía la cordura., frente a esas habladurías sin sustancia que profería el indigno. Muchas otras cosas decía FO, alejadas de todo basamento legal. Su mente, movida por la rabia que le había producido saber nuestras discrepancias con su nombramiento, la orden de sacar el colgajo que «construyó» etc. etc., lo habían puesto de un humor no descifrable. Toda su sangre se vio inundada por el colesterol, haciendo sus efectos en su cerebro saturado por la esclerosis y atrofias; se le aceleraron la producción de toxinas, amen de otras cosas, y así su cerebro ingresó en el más negro y pantanoso desenfreno; todo eso hizo que en ese infausto día me declarara «guerra a muerte». No era el FO afable de meses pasados, era su otro yo dominando su estructura humana; actuaba alimentado por la bilis que a chorros, intuyo, le salía por el filtro hepático.
— «Don Juanito, le dije, entonces deseo que se redacte una acta donde se deje constancia de este impedimento, y todo lo manifestado por el juez, para yo hacer valer mis derechos ante la Sala Civil del Callao, sin perjuicio de la denuncia y demanda que oportunamente interpondré contra el ciudadano FO que oficia de Juez, por su arbitrariedad, e ignorancia en la función»
Don Juan ingresó nuevamente hacia el interior, y salió nuevamente haciendo conocer la respuesta de FO. No se dejaría acta alguna, no me dejaría actuar como defensor y prevalecería, en todo caso, su desnaturalizada conducta. Las personas que fueron testigos de este bochornoso acto, de esta conculcación de los derechos de la defensa se quedaban cada vez más atónitos, pasmados. Me acerqué a mi cliente y le dije que me esperase, que retornaría luego. Fui a mi estudio jurídico, cogí el teléfono y llamé a la presidencia de la Corte del Callao; hablé con la Presidenta. Le hice conocer los hechos, y ella supo decirme: «Doctor Ruiz, lamento lo ocurrido. Por favor tenga la bondad de esperarme usted con su cliente en el Despacho. En este preciso momento parto hacia Cañete...» No es una vanidad histórica, pero resultó agradable escuchar a nuestra Presidenta de la Corte; y sobre todo conocer su decidida resolución. Una mente letrada, femenina, concibió que la conducta del magistrado burlaba los deberes y derechos de un juez, y de la sagrada defensa; que rompía la esencia de la ética en el ejercicio de la función. FO, había tirado al hediondo río de la prepotencia, la constitución los códigos adjetivos, sustantivos; el código de ética, la ley orgánica del poder judicial, y muchos instrumentos jurídicos... SE VOLVIO UN ATEO DE LA LEY, Y SE CONVIRTIO EN CUESTION DE MINUTOS EN ASESINO DEL ESPIRITU DEL DERECHO... ¡ EN UN BICHO NOCIVO DENTRO DEL ESTADO DE DERECHO, DENTRO DE LA DEMOCRACIA!.. Pero allí estaba una magistrada que no permitiría tamaña afrenta a los derechos humanos. Entendió que ese abogado hecho «juez,»que juró ante una efigie de Cristo cumplir sagradamente los deberes, no sólo era un blasfemo, un perjuro; un ser que rompió la razón de ser de un juez, que es el servicio, comprendió que era un peligro.
FO era la tesis en este nuevo conflicto. La Presidenta de Corte con criterios tan profundos y abiertos acerca de la razón de ser de la magistratura frente a FO, era la antítesis.
Ordené a mi secretaria que fuese al Juzgado para que haga compañía al cliente; me tomé un tiempo para irme a mi casa, para ingerir un poco de leche fresca, comer unas tostadas con miel de abeja y desocupar mi vejiga. Esa tarde la gente que acudió a sus diligencias no se retiró del Juzgado; y cada vez se veía mayor concurrencia en el local. Los escribanos, que acostumbraban retirarse después de sus diligencias no quisieron perderse el desenlace; incluso algunos periodistas se habían dado cita. Abogados del entorno de FO, trataban de enterarse de lo ocurrido; hasta ahora me dura el asco y repugnancia que me causaban el verlos merodear el juzgado. Dos horas exactas duró la espera. En ese lapso, no dí ninguna explicación a quienes llegaban hasta mí. Hubo un colega que me dijo que estaba conmigo, y que era importante que la Asociación de Abogados hiciera público un comunicado y pidiera la destitución de FO. Le agradecí el gesto, pero supe decirle que este no era un problema con la Asociación, que era un problema con un abogado, que tenía muy claro el criterio de lo que tenía que hacer. Sí, un asunto personal para mí, pero propiciado según me enteré después. por una cuadrilla, un diminuto grupo de abogados, movidos por ese elemento policial retirado mencionado y un regordete sub-oficial, abusivo, a quien supe parar muchas veces haciendo respetar la sagrada función de un letrado. Sí, porque jamás dejé que funcionarios, de todo tipo, se burlaran de mi adorada profesión, ni permití que vejaran a colegas, cuando se apersonaban a sus despachos a ver un asunto encargado.

QUIEN LO PUSO... QUE LO SAQUE...
En mi caso, esta defensa a la sagrada representación que tiene una persona que egresa titulado de una Facultad de Derecho indudablemente tenía y tiene que ser firme, cabal, férrea, respetuosa, sin miedo.
Yo gozaba haciendo prevalecer mi calidad de defensor ante ciertos funcionarios arbitrarios, que por desgracia los hubo; los hay? Los habrán??? No hay duda. Y es que bajo mi estrella de oro prendida en mi solapa, con el número 1024 de la ilustre Orden del Callao, llevaba la coraza y un corazón donde mi sangre alborotaba esa formación recibida, que me dio alma de abogado; y contra esos malos funcionarios abusivos (policías, jueces, fiscales, alcaldes etc.) mi máquina hablaba por mí, cantando esos hermosos habeas corpus, o acciones de amparo y ó denunciándolos ante sus superiores con copias a diversasdependencias... Toda la «valentía», mejor diría, el esperpento y mente abusiva injusta, toda esa MATONERIA de quienes mal usan una función, que son jactanciosos y pendencieros y que desde su cargo procuran intimidar a los demás, hacía agua.
Cómo desfilaban después, por mi domicilio y o estudio jurídico, sus familiares, o terceros, pidiendo audiencia o clemencia en sus nombres. Así arreglaba los excesos, aunque después me tuvieran como enemigo y me desviaran los clientes hacia otros bufetes... No me importaba... Pero al final, la gente llegaba hasta nosotros al darse cuenta que estaban mal «orientados». A más maldad, mayor y mejor era mi fama. Hoy recuerdo a esos malos servidores y me sonrío; y me siento satisfecho de haber sido y actuado como actué; como también recuerdo a otros excelentes de los cuales gocé de su amistad sin comprometer el ejercicio de sus cargos y por su entrega a sus funciones, los vimos llegar alto. Ahora, con FO, estaba frente a una situación atípica. Yo, era consciente que este hecho tendría una diversidad de repercusiones, por eso no me expuse; y no permití que se produjeran, por el claro concepto y respeto que tenía y tengo de la honrosa profesión de abogado. Sabía que habían enemigos gratuitos que solapadamente esperaban que salga mal parado para exigir mi renuncia a la presidencia de la Asociación. Cuando escuchábamos lo que hablaba el Juez; lo que respondía a las peticiones que formulaba por intermedio del escribano, delineaba una estrategia de defensa. Pensé en el acta, lo que haría constar en ella, el pedido que formularía para que el juez resuelva en el acto etc. Pero esta vía la veía dilatada, porque tendría que apelar y entonces ese cuadernillo, en copia certificada tendría que elevarse a la Sala Civil de la Corte de Justicia del Callao y este trámite haría perder días; no era contundente. Decía, «tengo que eliminar al obtuso en el acto, hoy mismo. Tengo que generar hechos concretos, al tiro... Mucha gente ha sido testigo de este hecho planeado y pueden surgir opiniones malintencionadas que hicieran mermar mi reputación...» «Lo procesal no va a operar con inmediatez frente a lo que hemos visto...» Así que resolví lo siguiente : ¡ Quien lo puso- la Corte chalaca- que lo saque! .
Fue así, que opté por efectuar la llamada telefónica al Callao, como dije, y tuve suerte, pues encontré a la Presidenta. Regresé a mi estudio jurídico a recoger la cédula de notificación a fin de obtener una fotocopia, para llevarla al juzgado, pues de hecho se requería para el expedientillo que habría de formarse. Ante mi retiro del local del Juzgado, el Juez creyó que me había vencido; así interpretaba mi ausencia. Por otro lado, algunos periodistas pretendían entrevistarme. Nada les dije sobre la venida de la magistrada superior. Permanecí sólo en mi privado el tiempo necesario, y cuando lo creí conveniente salí con dirección al juzgado. Lo hice a pie, acompañado por gente de la prensa hablada y escrita, clientes y curiosos. Quienes veían este pequeño cortejo ignorando lo que en verdad ocurría, quizá pensaban que eran familiares de detenidos, y cuyos casos íbamos a atender. Así llegué al mercado, mejor dicho al Juzgado. Subí los escalones de la escalera que llevaba al segundo piso, donde se ubicaba el Juzgado, é ingresé al ambiente repleto de gente.
Al cabo de unos veinte minutos aparecieron tres personas, dos mujeres y un hombre. Una era la presidenta de la Corte, otra la secretaria y el varón era el chofer del auto de la presidencia , en que vinieron. Don Juanito, ya estaba caminando al encuentro de la comitiva y presto anunció al juez, su presencia. No sé qué conmoción se operó en la masa humana de aquél, que fungiendo de juez suplente, exhalaba un empacho de presunción, vanidad infundada, y ridícula; pero que en esa tarde creyéndose estar en una nube, estaba convertido en un ser falto de razón y de entendimiento.
Hubo un silencio jamás visto en Cañete en un juzgado. Todos querían escuchar lo que se hablaría adentro. A mí no me interesaba; pero presentía que en esa misma tarde se resolvería un asunto grave, que determinaría la permanencia o destitución de FO. En esa tarde un juez iba a ser sentenciado. En esa tarde se obtendría la síntesis de dos posiciones opuestas. Con la llamada telefónica, y la positiva respuesta de la magistrada, se estaba operando, en Cañete, un proceso de transformación en el que dos opuestos, la estupidez -tesis- y la cordura -antítesis- chocarían resolviéndose en un plano superior; sí porque la estupidez notable de un necio, jamás podrá vencer a quienes tienen juicio, a las personas que reflexionan antes de determinar; a las personas que estudiaron derecho el Derecho y que viven mirando y admirando su hermoso entorno, defendiendo apasionadamente la vida y el mundo jurídico y el sueño eterno de la humanidad: LA JUSTICIA.

LA DESTITUCION ERA EL FINAL...
A mi modo de ver, la destitución era el final.
Entre mí decía, la presidenta no puede obligar a FO que lleve a cabo la diligencia, porque ella sabe lo del respeto, de la autonomía de un juez, autonomía que, desde luego, se basa en el cumplimiento de la ley: la independencia; y si lo hace?, yo, haría prevalecer que : ya no era la hora. Yo me opondría, y en todo caso haría que se elaborase el acta que inicialmente solicité, y en donde, ahora, haría constar además la presencia de la magistrada y de la secretaria y los nuevos hechos. Desde luego que eso le comprometería sobremanera ante la Sala Plena y magistrados supremos; y ella lo sabía y por ende no lo aprobaría. Es decir se haría una chanfaina procesal con ilegales ingredientes...
Adentro se escuchaba un dictado a manera de susurros, tecleos, rasgados de papel y el golpe de un lapicero que se dejó caer en el escritorio. De hecho algunos corazones latían alterados.. La presidenta había dictado in situ una resolución de destitución con cargo de dar cuenta a la Corte, y el oficio de destitución de FO; y por medio de la secretaria le había hecho firmar la copia en señal de recepción...
De repente, FO apareció en el otro lado del Despacho, convertido ya en EX JUEZ SUPLENTE, causando sorpresa, sin mirar a nadie; y ante la vista de todos los presentes, del pueblo litigante, curiosos y chismosos, avanzó raudo, sin su clásico caminar; esta vez, en la última de su vida, por los pasillos de eso que se llamaba Juzgado. Abandonó el local con su mirada enterrada en el piso... Toda la concurrencia lo barrió de una mirada, de arriba abajo...Se iba compungido. Descolorido estaba el hombre. Su cara mostraba un estado de ánimo descompuesto... Se le notaba una evidente contracción de los labios; sus dientes, amarillos y desgastados estaban al descubierto, dando a su boca un aspecto con sonrisa forzada. No había dudas, su estado de ánimo era cadavérico; caminaba, pero era un difunto solitario, pues no había un pariente delante de él que presidiese el duelo; sus allegados, los abogados aduladores o ayayeros de nuestro personaje hicieron mutis, como la lechuza de mi relato «Makako», haciendo más penosa su situación; sólo la soledad le acompañaba, pues algunos dicen que ni su sombra quiso seguirlo... La presidenta por intermedio del secretario, me hizo pasar al interior, y con palabras suaves me hizo ver que su Despacho, jamás aceptaría que se limite la defensa que para ella era sagrada; y mucho más, que para ser magistrada no podía olvidar que primero fue abogada defensora; y que así como respetaba la profesión respetaba también el decoro de los letrados, de la magistratura, y otras cosas más. En pocas palabras me supo recordar el legado de mis maestros acerca del valor de un juez en un juzgado, el significado de la dignidad de un poder judicial como integrante de una sociedad jurídicamente organizada y lo que representa en un estado de derecho; aunque para los tránsfugas el ser juez les hace imitar la ceguera de la mujer que aparece con una venda en los ojos en el símbolo de la justicia, en un sentido autocrático, y por ende se desubica del contexto real; y por eso genera indignidad con sus actividades plagadas de inconsistencias, malogrando la imagen institucional, profundizando la malsana idea de que la actuación del poder judicial no es predecible ni confiable...
Elogió nuestra serena conducta asumida y por nuestro intermedio brindó un abrazo a los miembros de la orden y nos prometió la llegada del nuevo Juez Suplente en el día siguiente; como en efecto ocurrió.
La Asociación de Abogados de Cañete, por esa época, gozaba de mucho prestigio, tenía respetabilidad por su continuo hacer en la problemática judicial local y nacional; y en la defensa de los derechos de sus integrantes; creo que esto también pesó mucho en la toma de decisión de la magistrado de resolver personalmente esa crisis.
«Por lo demás, Ruiz Tovar se contaba entre los pocos abogados que pisaba los tribunales superiores y de la Suprema y en esos estrados supo hacer conocer el espíritu de defensa, y rectitud, que aún bullen en su ser; y sus intervenciones hicieron sonar el nombre de Cañete, asociado a lo legal.
Cómo olvidar por ejemplo ese especial caso a favor de los 11 agricultores de la Cooperativa agraria de SOCSI...» supo decir un periodista radial de la localidad, tiempo después en que recordó esto que llega a ustedes como una anécdota para templar las fibras de mis colegas que día, a día se integran al mundo de la defensa.
Esta remembranza, que aparece como un relato, quizá para unos pueda oler a jactancia, pero no me importa que así lo huelan; ni es tal cosa, ni mucho menos vanidad; es una de las tantas anécdotas que forman parte de mis vivencias como hombre del foro de Cañete PERU; y las imprimo para que quienes me siguen en ese hermoso trajinar de la defensa se estimulen a trabajar y alcanzar esa alma de la toga, no imitándome, sino siendo cada cual el defensor, que su amor propio, su moral personal le pueda impulsar, el que espera la Patria, más allá del abogado de la simple causa. Para que actúen sabiendo quiénes son ante un despacho público; y ante cualquier arbitrariedad hagan prevalecer la autoridad que les da la Constitución y las leyes; y para que en su actuación hagan recordar a quien funge de funcionario, que es un SERVIDOR, y no dueño de un servicio público; para hacerles ver que ser funcionario público, un servidor público, es lo más honroso que puede tener un ciudadano de una república, pues desde ese sillón sirve a la nación; que su labor es patriótica; pero, que ese poder no es para defenestrar los derechos ciudadanos ni mucho menos para aprovecharse del poder; y si muchos no lo saben que lean a Pedro Patrón Faura; y para que sepan o recuerden que su paga lo hace el pueblo, con sus impuestos.
Ese defensor con ese perfil, demostrará que frente a un poder transitorio hay otro más fuerte, más vigoroso que ese poder vicioso del que mal interpreta el valor del servicio público. Contra esa lacra hay que arremeter. No hay que permitirles que desarrollen sus pasiones por el dominio tanto de personas como de la institución para fines incorrectos. Pero, examinando nuestra caminar, porque son tantas las circunstancias en que sin darnos cuenta podemos sustituir el verdadero poder de la toga que tenemos y debemos emplear; y por las formas y matices sensuales de cómo se mal usa y manipula el poder, sin más ni más, podemos caer en la red.
Sin soberbia, sin orgullo, pero firmes, en y con completa libertad, actuando con el poder que nos da la ley, y el conocimiento cabal de los estatutos, los reglamentos, los procedimientos. Actuando dentro de esos marcos, resplandecerá vuestra autoridad, el poder de que estamos investidos los abogados.
Fue lo cierto y real; y la verdad contada es digna aunque a los enemigos que pululan en los sótanos les duela. Esta anécdota sale al tapete para que quienes nos lean reflexionen sobre la necesidad de rescatar todo lo hermoso y bello que nos enseñaron, y enseñan los maestros, en las cuatro paredes de las aulas de las Facultades de Derecho; y sobre todo como un mensaje a los estudiantes que se están formando en las facultades de Derecho, particularmente, en las provincias.
Las ideas expuestas, van como semillas de amor; al igual que las que esparcen sus maestros, en sus mentes, en sus espíritus y corazones. Van también para los abogados en potencia que se forman en Cañete, mi tierra adorada. Estoy seguro que allí fructificará un ramillete de seres con visión y acción nueva, diferente; y demostrarán al Perú que aunque no se esté en un edificio como el de la U de Lima, Harvard o Wisconsin, es el estudiante quien da brillo y dignifica a su alma mater; pues se sabe que el abogado nace y se hace cuando sus estudios los realiza con seriedad, dedicación, sacrificio y amor; con ética de estudiante en pos de un ejercicio profesional idóneo, sin temor, ajustándose a ley y a derecho, siempre; y con maneras equilibradas, y versación. Yo no sé si es verdad que hoy «cualquiera», con el perdón de ciertos lectores letrados, puede tener un título de abogado, pero, esta afirmación se escucha por doquier, y esto me duele… Esto se expresa sin ningún ánimo de afrenta; pero sí como un reto, un desafío a quienes quizá puedan dar más y mejor en su ejercicio. No olvidar que Cañete es foco de lanzamiento de magistrados hacia niveles superiores y a la Suprema; a fortiori, también debe ser, manantial de hermosos ejemplares, amantes del derecho y la justicia, que con libertad y honestidad profesional hagan brillar sus pensamientos en el firmamento jurídico y de la justicia fuera de las fronteras de la provincia. Siempre dije que el estudiante que obtiene un titulo «pasado por agua caliente» se convierte en un timorato, o sea tímido, indeciso, encogido; por ello actúa con moral de doble filo y se entrega a la causa de la profesión postrándose ante venales, que fungen de funcionarios, o forman las camarillas para urdir las tramas que evidencian los hilos con los que se tejen las redes de la corrupción; es triste decirlo, pero así es. Por ello, al existir tan importantes instituciones que tienen que ver con el mundo del Derecho y la justicia, en nuestra provincia, es de esperar se ensanche el camino de un mejor orden a favor de una sociedad anhelante de justicia oportuna bajo la garantía de un debido proceso. Charlas, conferencias, mesas redondas, investigaciones, discusio-nes de casos, grupos de estudios, consultorios jurídicos gratuitos, clínicas jurídicas que funcionen con espíritu profesional, convenciones, congresos nacionales e internacionales etc., debieran ser los ejes dinámicos de este accionar.
Algunos considerarán que es imposible que esto se plasme en Cañete; yo, digo que: SI SE PUEDE;pero, para ello, HAY QUE ECHARLE GANAS, y haciendo nuestro lo que dijo Eduardo J. Couture:
Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia como destino normal del Derecho; En la paz, como el substituto bondadoso de la justicia Y sobre todo ten fe en la libertad sin la cual no hay Derecho, ni justicia, ni paz»

OTROSI DIGO
Al respecto, la presidenta de la Corte Superior de Justicia de Cañete, Silvia Consuelo Rueda Fernández, está impulsando, en su representada, una conducta nueva; y estimulando a que se cumpla lo que dijo en su discurso de apertura del presente año en cuanto a que el juez no debe torcer el derecho, y otros fundamentos más. Silenciosamente está generando un positivo quehacer judicial y creo que hay en Cañete, un nuevo amanecer.
Se convertirá el Distrito Judicial de Cañete, en el paradigma jurisdiccional de PERU?
Lo mismo, digna de reconocimiento es la labor de Juan Vergara Gotelli de hacer del Tribunal Constitucional, que preside, un ente guardián de la democracia y del Estado de Derecho en el Perú, sin someterse a poder ni autoridad alguna del Estado, salvo a la CONSTITUCION.
Y se percibe ya, que lo propio hará la juez americana Sonia Sotomayor, la primera latina lista a ocupar el máximo cargo jurisdiccional en el país más poderoso del mundo AL RATIFICAR LO EXPRESADO FRENTE A LA COMISION DE JUSTICIA DEL SENADO: su fidelidad a la ley en cada uno de sus actos jurisdiccionales.
Julio 26 del 2009
Verano Wisconsin EUU.

Nota:
El autor, tuvo el privilegio de ser Presidente de la Ex Asociación de Abogados de Cañete Perú, por varios períodos; y fue impulsor prominente del actual Colegio de Abogados de dicha localidad. Igualmente tuvo el honor de desempeñar la judicatura agraria y civil en calidad de Suplente en Cañete, cargos a los que supo honrar.
No está en Cañete, pero su corazón, sigue preocupado, por el bienestar y fortalecimiento de las instituciones de su patria.
Nuestra ventana virtual publica esta anécdota matizada con figuras literarias, ad portas del Día del Juez en Perú, por sus profundas reflexiones que inciden en la actividad profesional difícil, grata y hermosa que es la defensa legal y jurisdiccional; y porque estamos seguros que a más de un lector inmerso en el mundo jurídico le hará reflexionar.

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