12 julio 2008

VAMOS A LEER...
Autor: José Luís De la Cruz Aréstegui

Algunos, desde niños hemos sentido pasión por la lectura. Recordar las horas pasadas viviendo las aventuras de piratas, agentes secretos, caballeros y princesas como las más hermosas de la infancia. Llevando un mundo secreto, lleno de personajes que los libros presentan y a los que otorgábamos estilo, vestimenta y señas particulares al antojo. ¡Cuántas aventuras compartidas y recreadas con los amigos!. Las historias que habíamos leído se ramificaban en nuestros juegos incorporando nuevos personajes, distintos finales, más fantasía. En las tardes de campo reunirse a contar los cuentos más inverosímiles que escribíamos para tales ocasiones.
Si les escribo de mi, pues diré que, al ir creciendo seguí amando los buenos relatos a los que fui sumando otros géneros: poesía, ensayo, ciencia... El arduo trabajo de contrastar ideas, comparar autores, leer entre líneas, se tornó un maravilloso desafío y un modo fascinante de conocer el mundo. No sólo leía el material obligatorio para la escuela: leer era ya una parte infaltable de mi vida cotidiana.
Creo que he sido muy afortunado pues este amor por los libros lo heredé de mi familia. Mis padres, tíos y abuelos supieron transmitirme la afición y el respeto por el arte de leer. Ellos mismos hablaban con ilusión de alguna obra que les había impresionado en especial. Para mis cumpleaños y las fiestas no faltaban libros entre mis regalos. El camino iniciado en el seno familiar se fue ampliando en el colegio y en mis estudios posteriores. Tuve la suerte de encontrar docentes que siguieron alimentando mi amistad con los libros. Ellos me enseñaron a interpretar textos, a descubrir su forma y apreciar aún más su contenido. De verdad tuve mucha suerte. Esa que les falta hoy a tantos niños y adultos que no abren un libro si no es por obligación. Y cuando es por obligación, leer se les hace un trabajo harto penoso.
Quien me esté leyendo pensará que he nacido en el Renacimiento, pero no, soy profesor, y nací en esta edad moderna. Cuando nací ya existían el cine y la televisión, y los he disfrutado desde siempre, cada vez que han ofrecido espectáculos e información de calidad. Pero hay que reconocer que la imagen servida en bandeja a veces priva a la imaginación de su imprescindible vuelo.
Recuerdo una reflexión de un sabio escritor peruano, que decía ¿Cómo mirar a la luna? , pues éste alienta a padres y educadores a presentar la lectura ante los ojos del niño apelando a sus emociones, para que los jóvenes se enamoren de la lectura y descubran el riquísimo universo que ella alberga. Si los niños no leen no es porque aborrezcan la lectura: es porque no se les ha mostrado el camino hasta ella; un camino que no es fácil y que por eso mismo guarda un valor enorme: el del afecto por aquello que se ha conseguido con esfuerzo.
Leamos amigos, al leer nuestra imaginación será más prolífica y las ideas vendrán por doquier para así contribuir con nuestras opiniones en nuestro entorno especialmente, en cañete que tanto nos necesita.

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