14 enero 2013

CUANDO EL AGUA ESCASEA EN ASIA

Escribe: Emilio Camacho.

Los anexos de Rosario y Palma Alta en el distrito de Asia, a cinco minutos del famoso balneario del mismo nombre, enfrentan el verano con solo hora y media de agua potable al día.

El panorama en los anexos de Rosario y Palma Alta, en el distrito de Asia, es similar al de una guerra. Ambos lugares parecen ciudades ocupadas. No por tanques de una fuerza enemiga sino por camiones cisterna cargados de agua, decenas de ellos, que van y vienen sin cesar, como si fueran una patrulla de la escasez.
Este escenario también es una paradoja. Mientras en el famoso Boulevard de Asia –que está a solo cinco minutos– los veraneantes pueden disfrutar de piscinas con olas artificiales, en Rosario y Palma los vecinos pagan entre 10 y 20 soles por un tanque de 200 litros de agua a los choferes de los camiones cisterna.
¿Y el agua potable?... Llega pero no alcanza. En Rosario, solo tienen una hora y media de agua al día.
Y durante los 90 minutos que esta sale de los grifos –generalmente después del mediodía– las familias del pueblo echan mano a cuanto recipiente encuentran para recolectarla. Cada casa está bien abastecida de tinas, baldes y galones que niños y adultos usan para recoger agua.
Todos participan de esta coreografía en la que se mezclan plásticos de todos los colores y chorros de agua, pero no siempre logran llenar estos envases.

LA SED DE FIN DE AÑO
El 31 de diciembre, poco antes de que empezara el 2013, los rosarinos descubrieron que no solo no tenían agua sino que ni siquiera podían comprarla. Los camiones cisterna seguían pasando por sus calles, con sus tanques de 17 metros cúbicos de agua a cuestas, pero no se detenían en sus puertas.
Lo que hacían era llevar su carga a los condominios que están ubicados en la zona de Sarapampa, a pocos minutos al sur del pueblo. Manuel Boluarte, periodista y vecino de Rosario, cuenta que los choferes le respondieron que el agua «ya estaba separada» y que no podían dejarle nada, ni un galón.
Ante la posibilidad de que el año nuevo lo sorprendiera sin una gota de agua en casa, Boluarte acudió con su camioneta a uno de los seis pozos privados que hay en el pueblo y logró que le vendieran un metro cúbico de agua que le duró menos de un día. Tuvo suerte. Otros simplemente no pudieron adquirir nada de agua y tuvieron que arreglárselas con sus escasas reservas del día anterior.
Es una regla con la que hay que vivir en Rosario de Asia: a veces hace falta más que dinero para comprar agua.
La familia de Julio Chumpitaz, ex gobernador de Rosario durante el segundo gobierno aprista, también afronta a su manera la escasez.
Tienen una chacra a 5 kilómetros de Rosario en la que los duraznos se aprestan a madurar. Y en los riachuelos cercanos a su propiedad los Chumpitaz lavan toda su ropa y sus trastos.
Pero para cocinar usan agua mineral sin gas. En su cocina se lucen las botellas vacías de San Luis, San Mateo y Cielo. No discriminan a ninguna marca, y por el contrario parece que le han descubierto el gusto a estar rodeados de envases con nombres celestiales.

NEGOCIO FLORECIENTE
En medio de este sofocante panorama, hay quienes han descubierto nuevas formas de ganarse la vida. Para ellos, la falta de agua representa una oportunidad.
Hugo Agurto es uno de ellos. Es propietario del pozo de agua más nuevo del pueblo y cada día abastece a decenas de camiones cisterna.
Con 56 años, Agurto trabajaba en construcción y como muchos aprovechó el boom inmobiliario en las playas del sur para conseguir empleo. Pero ahora ha dejado atrás las jornadas duras bajo el sol y se relaja administrando su negocio mientras escucha a los Embajadores Criollos en su vieja radio Akita.
Construir el pozo no representó una gran inversión. Agurto cuenta que ya tenía el terreno y que también había hecho la perforación. Lo que le faltaba eran los pequeños motores con los que se bombea el agua para sacarla de su pozo de 12 metros de profundidad. Para completar esta tarea necesita 5 motores, cada uno le costó 1.000 soles. Otra inversión que tuvo que hacer es reforzar la boca de su pozo con material noble y hacer una conexión aérea que abastezca directamente a la parte alta de los cisterna.
El chofer Jorge Lázaro también ha encontrado en el problema que tienen los anexos de Asia una oportunidad de hacer negocios. Con su padre, ha formado una empresa de camiones cisterna que opera en Rosario y Palma Alta y también abastece a algunos condominios.
Actualmente tiene cuatro camiones y un tráiler. Domingo lo acompañó cuando dejaba agua en el condominio La Joya, en la entrada de Rosario, un lugar que está en plena construcción.
Lázaro afirma que también abastece a otros clubes como Asia Sol, Asia Bonita y Asia Azul en Sarapampa. La escasez golpea a todos y para Lázaro todos son potenciales clientes. Desde los huéspedes de los condominios y clubes privados hasta los vecinos que lo esperan balde en mano en la carretera.
Claro que no todos recurren a este chofer. En los condominios más cercanos al famoso Boulevard de Asia, al norte de Rosario, no es necesaria la presencia de camiones cisterna. Los propietarios tienen una red privada de agua que se abastece con pozos propios. Lo mismo pasa con el Boulevard. En este lugar no se necesita a choferes como Jorge Lázaro y tampoco a Emapa, la empresa administradora de agua potable en Cañete.

LA GUERRA DEL AGUA
Con todas las quejas que llegan a su despacho ubicado en el anexo de Capilla, el alcalde distrital de Asia, José Arias, ha propuesto que la administración del servicio de agua potable pase directamente al municipio.
«La empresa no solo no cumple con llevar agua a Rosario y Palma; en Capilla se repite el mismo problema», dice Arias.
Por eso, mañana lunes, en un encuentro de todos los alcaldes distritales de Cañete, en Mala, Arias impulsará su idea, que tiene más de discurso político que de propuesta técnica.
Igual, su actitud no favorece en nada a Emapa. La empresa detectó entre julio y agosto del año pasado que el pozo de agua con el que abastecía a los distritos de Cañete era insuficiente y que su sistema de bombeo se había quedado obsoleto.
Ahora necesitan financiamiento para perforar e implementar un pozo que tenga como mínimo unos 30 metros cúbicos de capacidad (actualmente trabajan con uno de 8 metros cúbicos). El problema es que esos fondos, señalan, que debería de venir de la autoridad política del distrito, es decir, del alcalde Arias, el mismo que les ha declarado la guerra... Sin embargo, otros sostienen que es EMAPA quien debe de invertir, al ser quien se encarga de los servicios de agua potable y alcantarillado.
Vanessa Contreras, gerenta de imagen y vocera de la empresa, afirma que la Ley de Saneamiento está de su lado. Pero este debate recién comienza y los sedientos vecinos están en medio del conflicto. Es más, podría decirse que en este lío a todos les lloverán las críticas pero nadie terminará mojado.

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